La adicción a la heroína es un problema de salud muy grave que sin embargo no siempre recibe tratamiento, con las consiguientes consecuencias en la salud de los adictos, el sufrimiento en su entorno familiar y social, los riesgos en los ambientes educativos y juveniles, la violencia asociada, o los costes en salud pública por las enfermedades relacionadas con la adicción.
En muchos casos la ausencia de tratamientos de desintoxicación contra la heroína y opiáceos se debe a concepciones erróneas sobre lo que la adicción es. Todavía para mucha gente la adicción a la heroína es una cuestión de decisión personal, es decir, el adicto lo sería porque quiere consumir mucha droga, o es un asunto de falta de carácter, y así el adicto no deja de consumir heroína porque no tiene fuerza de voluntad. Detrás de estas concepciones está la creencia de que abandonar la adicción a sustancias químicas está enteramente en las manos (en la voluntad) de la persona adicta.
Pero la realidad es que la adicción, va más allá de la decisión y la voluntad personal. Ya está aceptado científicamente que es una enfermedad, que escapa al control del adicto. Porque con el consumo elevado o prolongado de heroína, el cerebro experimenta cambios bioquímicos que modifican los comportamientos, pensamientos y sentimientos del consumidor, y que producen, entre otros efectos, un deseo compulsivo e incontrolable de consumir heroína. Esto implica que el adicto difícilmente puede controlar ese deseo, debido a los daños cerebrales producidos por la droga. Además, el adicto pierde, usualmente, la capacidad para autoevaluar los daños que el consumo le está provocando y para dirigir su conducta hacia el abandono de la heroína. Un síndrome que ocurre porque el organismo se ha acostumbrado a la presencia de la heroína (se ha vuelto dependiente) y el cerebro deja de producir las sustancias químicas naturales que la droga reemplaza, como las endorfinas, las encefalinas y las dinorfinas.
Por tanto, la adicción es una enfermedad cerebral. Una enfermedad que tiene tratamiento y de la que hay recuperación. Hoy en día, gracias a las investigaciones y las nuevas tecnologías, cada vez se sabe más acerca de cómo actúa la heroína en el cerebro y los efectos que produce, lo que permite desarrollar tratamientos de desintoxicación de opiáceos y fármacos adecuados para que el adicto recupere el control de su vida.
Eugenio Robieu